Era una más de las decenas de cribas que el Internacional de Porto Alegre realizaba en 1964, como todos los clubes brasileños continúan haciendo hasta hoy. Se organiza un partidillo entre muchachos, y un técnico tiene la responsabilidad de observarlos, prestar atención a cada uno de ellos —aquel día eran 300— durante algunos minutos y allí, en el momento, emitir un veredicto: sí o no. Así de sen…